martes, 22 de mayo de 2012

Darshan (Mouni Sadhu)


Tras esta nueva operación, (el autor se está refiriendo a la segunda operación que se le realizó al Maharshi en el hombro) está más delgado que nunca; los rasgos parecen transparentes, el color de su rostro más bello, como si no hubiera en él nada terrestre. Una estatua, una abstracción encarnada, si es que esta expresión puede transmitir algún significa­do. No, es el espíritu, el cual, desde la esfera de la materia, retorna a su propio reino, y que sólo de un modo muy suelto y muy sutil está en contacto con lo que vemos como cuerpo físico de Santo.

Su paz compenetra todo lo que nos rodea. Ya no hay problemas sin solución, ningún deseo sin cumplirse, no más movimientos en mi conciencia. Ahora me resul­ta claro que no hay necesidad de pensar, como antes creía; pues pensar es una cosa innecesaria y carente de finalidad.

¿Qué es lo que me importa ahora? ¿Qué es lo que sucede? ¿Dónde está aquél hombre que tenía nombre y tantos pensamientos? Todo esto parece ahora estar tan lejos de «Mí». ¡Oh, si tan sólo pudiera mantener este estado a cualquier costa, y no volver al mundo de las sombras y las ilusiones! ¡Si tan sólo pudiera permanecer en este silencio en el que no hay ni «yo» ni «tú», ni tiempo ni espacio!

La luz se vierte ahora con tal abundancia que todo es inundado por ella. Los ojos abiertos sólo ven luz.

Sé que esta forma, ahora tan ajena a mí, no parece ya respirar. ¿Perturbaría su respiración la paz de la eter­nidad? No lo sé.

Ante esta luz los límites del «pasado» y del «futu­ro» se están desvaneciendo, ambos son ahora como pla­nicies abiertas. No, no es verdad, pues del momentáneo sobrecogimiento ante la apertura del gran pórtico del ahora paso a la felicidad de percatarme que el tiempo no existe ya. Sí, ahora caigo en la cuenta de que la vida verdade­ra es independiente del tiempo, y que sí todavía vivimos en el tiempo ésta no es la vida real. La resurrección, ese insondable misterio, deviene una verdad realizada, aquí, ante esta luz invisible.

Todo es ajustado, unido, correspondiéndose uno al otro en plena armonía. Sólo las palabras fallan al expresar lo que se ve. Meros fragmentos quedan en el cerebro, que sirve como medio de reunir estos fragmen­tos y transformarlos en pensamientos y palabras cohe­rentes. Pero entonces ya no estamos «ahí».



El término darśana significa ‘visión’ (el acto de mostrarse). Proviene de la raíz sánscrita driś: ‘ver’, y se utiliza principalmente como visión de lo divino. La experiencia es por lo general concebida para ser recíproca y resulta en una bendición del observador.

Del libro, Vida y enseñanzas de Sri Mâ Anandamayî


Pregunta de Swami Dayananda del Bhárat Dharma Mahamándala:

Madre, ¿quién eres realmente? Las opiniones de la gente sobre ti varían y no parece que concuerden...

Sri Ma: ¿Quieres saber quién soy? Pues bien, soy aquello que consideres que soy, ni más ni menos.

Pregunta: Entonces, ¿cuál es la naturaleza de tu samadhí ¿Es eso entonces samadhi? ¿Es savikalpa o nirvikalpá?. ¿Se mantiene entonces la mente?

Sri Ma: Pues eres tú quien tiene que responder a esa pregunta. Lo único que puedo decir es que, en medio de todos estos aparentes cambios de estado en el cuerpo y en la mente, yo siento que soy consciente de que siempre soy lo mismo. Lo que siento es que en mí no se producen cambios de estado. Llámalo a eso lo que quieras. ¿Eso es el samadhi?

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¿Hasta cuándo queréis quedaros en una posada al borde del camino? ¿No te­néis ganas de llegar a casa? ¡Qué deleite infinito!... Uno está en su propio ser, el errante, el exilio, la llegada al hogar y el hogar... Lo único que existe es uno mismo...

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Pregunta: "¿Cómo saber si existe la reencarnación?"

Sri Ma: "Sí, la ignorancia es un hecho. Entonces, ¿para qué plantearse si hay reencarnación? Uno no sabe lo que le va a pasar al instante siguiente. Sin em­bargo, existe el conocimiento. Aquellos que han atravesado el velo de la ignoran­cia nos dicen que somos el atinan eterno"»

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En 1955 el Dr. Mahadevan solicitó a Sri Ma que diera un mensaje para el «Simposio de todos los credos» que se iba a celebrar en Madras. Después de repe­tidos esfuerzos, Didi consiguió obtener la siguiente vani (palabras) en respuesta a su solicitud:

                                                         «¡Oh Ser Inmortal!
                                Encamina tu peregrinaje por el sendero de la Inmortalidad.
                                 ¡Oh Ser Inmortal, oh Caminante Inmortal, permanece
                                             siempre establecido en Tu propio Ser!»

                                                                              Sri Ma Anandamayí

sábado, 19 de mayo de 2012

El despertar súbito del sabio


¿Qué es iluminación y qué es lo que se su­pone que le da la autorrealización al sabio que él no tuviera has­ta entonces?
Autorrealización, según mi concepto, es la constatación absoluta de que "los acontecimientos suceden, los actos se realizan, pero no hay ningún hacedor individual de ningún acto", que todo lo que es, es consciencia funcionando como energía primaria y produciendo la manifestación de todos los sucesos; que es consciencia atestiguando el funcionamiento de esa manifestación que es la vida, tal y como la conocen los seres humanos, a través de billones de seres simientes.

¿Qué obtiene el sabio con la autorrealización? 
Paz y armonía como ancla mientras afronta la vida momento a momento. Antes carecía de esta paz y de esta armonía porque, al ir afrontando la vida en el momento, todo lo que hacía era juzgar cada suceso como algo hecho por alguien, execrando y odiando a alguien, ya fuera a sí mismo o a otra persona. Por tanto, anteriormente esta­ba anclado en la culpa y en la vergüenza de sus propias acciones y en la aversión por las acciones de "otros". La paz y la armonía le eran totalmente desconocidas, pero ahora, ante la ausencia de culpa, vergüenza y aversión, nunca se encuentra a disgusto con­sigo mismo, nunca se encuentra a disgusto con el "otro".

¿Cómo vive su vida el sabio cuando ya está afianzado en la paz y la armonía? 
Vive siendo testigo de la vida que se produce en los múltiples organismos cuerpo-mente. Mientras sucede la vida -la actividad física y mental a través de los organismos cuerpo-mente él, como ego sin el más leve rastro de un hacedor per­sonal, permanece en calma, observando el flujo de la vida en los múltiples organismos cuerpo-mente, incluyendo el suyo propio. Si alguien le pregunta cómo vive su vida, su honesta respuesta sería: estando en calma, "dejando que la vida fluya".

Si se le pregunta cómo se las arregla para conseguir la acepta­ción total de que nadie es un hacedor, el sabio explicará con abso­luta humildad que mientras estaba investigando lo que le parecía que eran sus acciones, llegó a la conclusión de que si algún suce­so, sobre el que no tenía control, no hubiese sucedido antes, lo que él creía que era su acción no se hubiese producido. Y en el trans­curso de su investigación habitual de sus acciones, sin saber cómo, de repente, se produjo un relámpago de aceptación total: "No pue­do ser el hacedor de ningún acto; y si yo no puedo ser el hacedor de ningún acto, tampoco puede serlo nadie más". Eso fue todo.

Con este despertar súbito de que el "ego" no es sino una identificación con una entidad particular con un nombre y sin ninguna libertad real de elección y acción, aparece una com­prensión profunda de un sentimiento de hermandad con otros "egos" similares, todos ellos instrumentos programados indivi­dualmente y por los que funciona la energía primaria para que suceda lo que tiene que suceder de acuerdo a la ley cósmica. Luego no hay ninguna posibilidad de competición entre los di­versos instrumentos, ni hay posibilidad de envidia o celos. La programación de cada instrumento humano -los genes más los condicionamientos actuales producidos por el entorno geográ­fico y social- tampoco está bajo el control de nadie.

Una de las primeras cosas que suceden con el despertar re­pentino es que el ego se da cuenta de que su propia programa­ción contiene una mezcla de características buenas y malas, de puntos positivos y negativos. El mismo no es perfecto, ni lo es nadie. La realización produce inmediatamente, además del sen­timiento de hermandad, un profundo sentimiento de tolerancia hacia el ser humano, tanto hacia sí mismo como hacia el "otro".

De forma similar, también se ve claramente que muchas palabras han perdido su interpretación tradicional. "Amor" significaba una emoción experimentada con toda evidencia por canales personales, cargada de posesividad, ensombrecida por los celos, con su contrario de "odio" siempre listo para ocupar su lugar. Ahora, de repente, el "amor" no parece pasar por canales personales, antes bien parece ser afectividad "pura", una clase de amor singularmente purificada. De re­pente, los términos "amor divino" y "karma" adquieren un significado muy profundo.

Por otra parte, ante esa nueva consciencia trascendente que emerge con la demolición del sentimiento de un hacedor personal, se reconoce con toda claridad que la relación amor-odio ha dado lugar a una afectividad más pura, semejante a compasión-bendición; la excitación y la angustia se han conver­tido en serenidad y tranquilidad, y la envidia, el miedo, la codi­cia y otras formas de emoción contaminada por el hacedor son reemplazadas por la propia afectividad en estado puro.

El sabio despierto también ha comprobado de repente que esta nueva actitud ante la vida -casi una consciencia nueva- da la impresión de estar sujeta a una forma peculiar de radiación que parece atraer hacia él a otros que visiblemente necesitan al­gún tipo de guía, quizá amor.

El sabio se ve a sí mismo afrontando la vida momento a momento, aceptando cualquier cosa que el momento traiga,

unas veces placer, otras dolor, sin sentirse nunca incómodo con­sigo mismo ni con los demás: Estando en calma, "dejando que la vida fluya".

viernes, 18 de mayo de 2012

Liberación


Es pasmosamente difícil describir o explicar esta nada, este no-algo. A fin de cuentas, se califica de inefable pre­cisamente por eso. En lo esencial, o bien hay ver o no lo hay, o bien se cae el velo o no se cae. Desde luego, el mero he­cho de ser un místico o un yogui o un chamán es poco relevan­te; apenas más roles soñados para más personajes soñados. En tanto que sea alguien quien comprende, no hay comprensión. En tanto que sea alguien quien está despierto, no hay despertar. El mensaje de los sutras y de los chamanes es el mismo: aquel que comprende muere antes de haber muerto, no deja huellas, no re­corre sendas; porque sabe que, como persona, como entidad, no es. Pero ¿quién puede lograrlo?, ¿qué yo puede dejar de ser? Como diría Wei Wu Wei, ninguno, porque ningún yo es. De modo que eso solo puede suceder. Así pues, no hay nadie que sepa, sino solo saber. Todo este mundo es como un sueño o una visión; aquí no hay nadie en absoluto, solo hay Brillo más allá de la luz, Amor más allá del amor, claro saber, pura belleza flu­yendo a través de estas formas transparentes.

jueves, 17 de mayo de 2012

Charlas (David Carse)

La flauta no sabe música; no distingue el fa del sí be­mol; no sabe de tempo o de énfasis, y no puede hacer brotar la música por sí misma: ¡es solo una caña hueca de bambú con agujeros! Es el músico quien tiene el conocimiento y la habili­dad y la intención y la destreza, y es su aliento el que fluye a tra­vés del instrumento y sus dedos los que manipulan las abertu­ras para que surja una bella música. Cuando la música finaliza, nadie felicita a la caña por la música que produjo. Es al músico a quien se aplaude y agradece este hermoso regalo musical.

Ocurre exactamente igual con lo que consideramos como «nosotros mismos». Somos instrumentos, cañas huecas a través de las cuales fluye el Aliento, el Espíritu, la Energía que es Presencia, Todo Lo Que Es, la Conciencia. Al igual que no es la flauta la que da la nota, sino que es el Músico el que produce la nota a través del instrumento, así también es el aliento, que es Presencia, lo que anima esta mente y cuerpo y lo que surge a través de esta boca, haciendo parecer que esta boca emite pa­labras.

El malentendido básico, la ignorancia básica reside en esta necia usurpación del rol del Músico por parte del instrumento. Esta inversión de la verdad queda espontáneamente desvelada cuando sucede la Comprensión. Se hace evidente que no hay in­dividuo, que no hay «nadie en casa», que no hay aquí ninguna entidad que pueda ser o no ser el hacedor. Porque despertar es simplemente Comprender que no hay nadie aquí que despierte.

Pero: esta Percatación sucede espontáneamente al ocurrir la Comprensión. Desde el punto de vista del buscador, no se pue­de llegar allí desde aquí. Debido a que no hay «tú», no cabe ningún «llegar», y no hay un «allí» a donde llegar. El entendi­miento intelectual de que no pueden existir entidades indivi­duales no ayudará en modo alguno al buscador promedio, ya que en su vida cotidiana persistirá la profunda creencia en un yo personal y en un «hacedor» personal; y con ella persistirá la mi­seria que la acompaña: el orgullo y la arrogancia, la vergüenza y la culpa, el temor, el odio y la maldad, todo lo cual brota de la creencia de que hay alguien ahí que es capaz de hacer algo.

Todo intento de salir uno mismo del dilema sirve solo para reforzar el sentido de yo individual de quien aparentemente rea­liza los intentos. No hay salida del aprieto, de la paradoja, por­que quien piensa que está en un paradójico aprieto es, en sí mis­mo, una alucinación, una fantasía generada por la mente, el pájaro de la jaula vacía. Puedes seguir haciendo durante el res­to de tu vida lo que has estado haciendo hasta ahora; puedes acudir a charlas y seminarios impartidos por los maestros más iluminados, y escuchar cosas maravillosas acerca de la Iluminación y la Realización Total y Sat Chit Ananda, y tener experien­cias espirituales inmensas y de gran belleza. Pero cuando abras los ojos te encontrarás una vez más con las mismas preguntas, con los mismos anhelos, porque ahí estarás todavía «tú».

Así que: la Conciencia tensa la cuerda mediante esta peque­ña enseñanza tan insidiosa acerca del «hacedor»
Y la música así ejecutada, manifestándose bajo la apariencia de los cotidianos pensamientos y vocablos y actos «tuyos» y de «otros», no es sino la Presencia sonando a través de estos ins­trumentos, y ello es en verdad el don definitivo, más allá de la belleza.

Sí, contemplada de manera superficial puede parecer una enseñanza insignificante comparada con otras cosas que has escuchado. Puede que inclu­so parezca difícil concentrarse en ella cuando seguramente debe haber algo más que eso, seguramente se podrá ir en búsqueda de algo más relevante. Y lo hay: esto no constituye el propio cen­tro de la cuestión. Pero es una vía para acceder a él. Y si permi­tes que la cuestión te penetre y realizas la investigación que te sugiere y te mantienes ahí, y si existe la apertura que permite que se aposente, entonces realmente puede llegar a suceder una cosa verdaderamente maravillosa.

Pues esta enseñanza que parece tan relativamente insigni­ficante puede ser, en su pequeñez, la diminuta llave que, in­troducida en la cerradura y permitiéndola que gire, abrirá del todo los vastos portales. «Yo no soy el hacedor de ninguna ac­ción»: lo relevante de esto no es que sea una total o tan si­quiera una gran percatación, en sí misma. Su auténtica rele­vancia reside en adonde conduce. Si realmente captas esto, si realmente captas que no hay nadie que capte, será como una lí­nea de programación que, al ser introducida en la computa­dora, reescribirá todo el sistema operativo. Causará un fallo en cascada de todos los sistemas que «tú» piensas que eres. Acti­vará la rendición y la aprehensión que de otro modo no po­drías lograr «tú» en ningún caso y que da lugar a la Comple­ta Comprensión del despertar: el saber que no hay nadie aquí que comprenda o despierte o sepa. Solo hay la Paz que sobrepasa todo entendimiento, el aliento de la Presencia soplando a través de un bambú hueco.


miércoles, 16 de mayo de 2012

La Presenciación (Sri Nisargadatta Maharaj)



Interlocutor: Yo estoy lleno de deseos y quiero cumplirlos. ¿Cómo puedo lograr lo que quiero?
Maharaj: ¿Merece usted lo que desea? De un modo u otro usted tiene que trabajar por el cumplimiento de sus deseos. Invierta energía y espere los resultados.
Int: ¿De dónde voy a sacar la energía?
Mah: El deseo mismo es energía.
Int: ¿Entonces por qué no se cumplen todos los deseos?
Mah: Quizás no fue bastante fuerte ni duradero.
Int: Sí, ese es mi problema. Quiero cosas, pero soy perezoso cuando llega el momento de la acción.
Mah: Cuando su deseo no es claro ni fuerte, no puede tomar forma. Además, si sus deseos son personales, para su propio disfrute, la energía que usted les da es necesariamente limitada; no puede ser más que la que usted tiene.
Int: Sin embargo, a menudo personas ordinarias alcanzan lo que desean.
Mah: Después de desearlo muchísimo y durante mucho tiempo. Incluso entonces, sus logros son limitados.
Int: ¿Y qué hay de los deseos no egoístas?
Mah: Cuando usted desea el bien común, el mundo entero quiere con usted. Haga suyo propio el deseo de la humanidad y trabaje usted por él. Ahí usted no puede fracasar.
Int: La humanidad es obra de Dios, no mía. Yo estoy interesado en mí mismo. ¿No tengo el derecho de ver mis deseos legítimos cumplidos? No harán daño a nadie. Mis deseos son legítimos. Son deseos justos, ¿por qué no se hacen realidad?
Mah: Los deseos son justos o injustos según las circunstancias; depende de cómo usted los considere. Es solo para el individuo para el que una distinción entre justo e injusto es válida.
Int: ¿Cuáles son las líneas directrices para tal distinción? ¿Cómo puedo yo saber cuales de mis deseos son justos y cuales son injustos?
Mah: En su caso los deseos que llevan al sufrimiento son injustos y los que llevan a la felicidad son justos. Pero usted no debe olvidar a los demás. Su sufrimiento y su felicidad también cuentan.
Int: Los resultados están en el futuro. ¿Cómo puedo yo saber lo que serán?
Mah: Use su mente. Recuerde, observe. Usted no es diferente de los demás. La mayoría de sus experiencias son válidas para usted también. Piense clara y profundamente, penetre la estructura entera de sus deseos y sus ramificaciones. Ellos son una parte importantísima de su entramado mental y emocional y afectan poderosamente a sus acciones. Recuerde, usted no puede abandonar lo que no conoce. Para ir más allá de usted mismo, usted debe conocerse.
Int: ¿Qué quiere decir conocerme a mí mismo? Al conocerme a mí mismo, ¿qué es exactamente lo que llego a conocer?
Mah: Todo lo que usted no es.
Int: ¿Y no lo que yo soy?
Mah: Lo que usted es, usted ya lo es. Sabiendo lo que usted no es, usted se libra de ello y permanece en su propio estado natural. Todo ello acontece de modo enteramente espontáneo y sin esfuerzo.
Int: ¿Y qué descubro?
Mah: Usted descubre que no hay nada que descubrir. Usted es lo que usted es y eso es todo.
Int: ¿Pero finalmente qué soy yo?
Mah: La negación última de todo lo que usted no es.
Int: ¡Yo no comprendo!
Mah: Es su idea fija de que usted debe ser una cosa u otra la que le ciega a usted.
Int: ¿Cómo puedo deshacerme de esta idea?
Mah: Si usted confía en mí, crea cuando le digo que usted es la presenciación pura que ilumina la consciencia y su contenido infinito. Dése usted cuenta de esto y viva de acuerdo con ello. Si usted no me cree, entonces vaya usted al interior, indagando «¿qué soy yo?», o enfoque su mente sobre «yo soy», lo cual es ser puro y simple.
Int: ¿De qué depende mi fe en usted?
Mah: De su penetración en el corazón de otras gentes. Si usted no puede ver dentro de mi corazón, vea dentro del suyo propio.
Int: Yo no puedo hacer ni lo uno ni lo otro.
Mah: Purifíquese usted por una vida bien ordenada y útil. Observe sus pensamientos, sus sentimientos, sus palabras y sus acciones. Eso aclarará su visión.
Int: ¿No debo renunciar a todas las cosas primero, y vivir una vida sin hogar?
Mah: Usted no puede renunciar. Usted puede dejar su casa y dar un disgusto a su familia, pero los apegos están en la mente y no le dejarán a usted hasta que usted conozca su mente por dentro y por fuera. Lo primero es lo primero —conózcase a usted mismo, todo lo demás vendrá con ello.
Int: ¡Pero usted ya me ha dicho que yo soy la Realidad Suprema!. ¿No es eso conocimiento de sí mismo?
Mah: ¡Por supuesto que usted es la Realidad Suprema! ¿Pero y qué? Cada grano de arena es Dios; saberlo es importante, pero eso es solo el comienzo.
Int: Bien, usted me ha dicho que yo soy la Realidad Suprema. Yo le creo a usted. ¿Qué es lo siguiente que tengo que hacer?
Mah: Ya se lo he dicho. Descubra todo lo que usted no es. Ni el cuerpo, ni los sentimientos, ni los pensamientos, ni las ideas, ni el tiempo, ni el espacio, ni el ser ni el no ser, ni esto ni eso —nada concreto ni abstracto que usted pueda señalar es usted. Una mera afirmación verbal no bastará —usted puede repetir una fórmula inacabablemente sin ningún resultado. Usted debe observarse continuamente —particularmente su mente— momento a momento, sin omitir nada. Esta presenciación es esencial para la separación entre el sí mismo y el no sí mismo.
Int: La presenciación —¿no es mi naturaleza real?
Mah: Para presenciar, debe haber algo que presenciar. ¡Estamos todavía en la dualidad!
Int: ¿Qué hay sobre presenciar al presenciador? ¿La presenciación de la presenciación?
Mah: Juntar palabras no le llevará a usted lejos. Vaya usted adentro y descubra lo que usted no es. Nada más importa.

martes, 15 de mayo de 2012

La experencia del Ser


En la más profunda arteria del ser humano late una nostalgia: en su inconsciente resuena aún la música callada de su origen olvi­dado; y la añora, aunque también la rechaza. Esa es su tragedia. Y esa es, también, la razón de que siempre se halle activo, buscando a tientas eso que intuye; eso que le atrae y que a la vez censura. Y así vive -si a eso puede llamarse vida-, extravertido y de espaldas a su Verdadera Naturaleza.

A pesar de esa represión constante, y aunque, en su quehacer frenético, deambule como un ciego, en su interior palpita el deseo de unirse con aquello -su realidad primera- que fue expoliado desde apenas nacer. Vive, expatriado desde su más primera infan­cia, a través de la deformación de una pedagogía instrumental en la que ha sido adiestrado más para competir que para compartir, más para capacitarse que para formarse. Más para tener que para ser. Y a eso le llaman normalidad.

Sin embargo, en medio de su sinsentido, allí, en lo más profundo del corazón de cada hombre y de cada mujer... sigue palpitando una Noticia. La experiencia nos dice que cuando los seres huma­nos, liberándose de las programaciones colectivas, des-aprendiendo lo aprendido, prestando más atención a su voz interior, no sólo pueden comenzar a encontrar sentido a su existencia, sino también tornarse más solidarios entre sí, gravitar de modo natural los unos hacia los otros y, sobre todo, despertar de su dormidera colectiva.

Los seres conscientes, si de verdad lo son, es debido a que han des­pertado a la inteligencia y a la compasión innata que vibra en toda la naturaleza.

Cuando las personas despiertan al Ser, caen en la cuenta de que ese montaje que llamamos EGO, tanto el personal como el colec­tivo, no pasa de ser una alienante estructura ilusoria. Formamos parte de todo el Universo; es más, el despertar consiste en apreciar cómo la inefable anatomía del Cosmos late dentro de nosotros mismos, también en constatar de qué manera todos los seres humanos somos capaces de trascender el cuerpo y la mente com­probando que todo es Uno. El permanecer dormidos a esa verdad es la causa de todos los conflictos.

sábado, 12 de mayo de 2012

Nita Burg

Cuando el silencio es el único maestro...
La Verdad última nos habla de forma íntima y única.